Los caminos del Alba

LOS CAMINOS DEL ALBA

RAFAEL REDONDO NEVADO: LOS CAMINOS DEL ALBA

Nos encontramos ante un breve poemario dividido en dos partes. Las composiciones se distribuyen en pequeños grupos bajo epígrafes a modo de núcleos temáticos sobre los que se giran las creaciones. Así, Parque Natural y otros poemas son poemas entorno a la simbología de la Naturaleza: la luz, el agua como fuente de vida, regeneradora, pura, la coexistencia de los opuestos como elementos presentes en la vida, el amor/odio que nos lleva al Arte Amatorio de la mano de una Amada tanto etérea como material; sublime como hedionda y vulgar, en breves encuentros y momentos en los que la amada invita a una vuelta a los orígenes, a la Naturaleza, al “bosque”.

El hastío, el aburrimiento de la vida, la autodestrucción del ser, la desesperanza, el suicidio, la muerte se abren camino en el lodazal de la vida a través de unas composiciones descarnadas que forman el grupo de los Subterráneos (bajo tierra, ocultos a la vista como el lado oculto de la vida). Aquí se encuentran breves reflexiones:

“la vida entera es necesaria

para aprender a no dar saltos

sino caminar sobriamente.”

La escalera celeste empieza con un canto a la libertad que recuerda a Espronceda, seguido de un poema a la figura de la voluntaria. Lo que realmente destaca es el poema-diálogo entre ángeles donde oímos las verdades de la vida y de la naturaleza del ser humano. Como en una escalera encontramos tanto a un ser divino que vuelve a  su lugar celeste con sus hermanos de la Luz un poco asombrado de la incomprensión humana, como a un ser divino que solo quiere un periodo vacacional como todo ser “humano”.

De nuevo encontramos breves pensamientos:

“[…]el odio es veneno.

el que hace el mal termina

por dañarse a sí mismo

en un desliz, se le va la mano”

“[…] lo diáfano

no admite cuestionamientos

porque la verdad termina

por imponerse tarde o temprano.”

La segunda parte comienza con Dípticos, constituidos por dos composiciones en las que aparece la flor como símbolo de la vida, del amor y de la fugacidad de la vida que nos recuerda el clásico tópico “collige virgo rosas”. En Juegos, también formado por dos composiciones, en la primera, la vida se nos aparece como un infinito de opuestos en el que solo la razón puede ayudarnos a encontrar la mejor opción, mientras que en la  segunda composición reflexiona sobre la feminidad a través de las típicas matruscas rusas. En Pesares, también encontramos la misma dicotomía de Dípticos al desarrollar la idea de que el dolor, el pesar y la alegría, la felicidad son las dos caras de una misma moneda llamada vida; una vida que fluye de un extremo a otro:

“[…] Sé digna de ambas

porque la vida fluye

entre los dos polos opuestos

y tú no eres más que el canal.

no pongas pues obstáculos

al caudal que te atraviesa,

deja a la vida

recorrerte de pies a cabeza.”

Dejamos los juegos y pesares para pasar a Temporales, reflejos de los temporales que sufrimos en nuestras vidas (peligros, ansiedades, tristezas, alegrías…) y que van erosionando y moldeando nuestra forma de ser. En Ida y vuelta encontramos a ese amigo invisible y desapercibido llamado viento que siempre nos acompaña por la vida; una vida que se nos muestra como un camino en el que siempre tienes la opción de elegir. Esa elección ira marcando tu devenir por este mundo:

“[…] Incluso desde los cuatro muros de una cárcel

puede distinguirse la libertad.

Frente a una pared en blanco,

puede leerse el infinito”

En Mentiras se abordan la tiranía del reloj, de los horarios absurdos cuando lo verdaderamente real es la muerte, y la tiranía del espejo, de la imagen personal cuando lo realmente importante eres tú como ser y no tu imagen.

Los dos Vórtices sobre los que gira el siguiente grupo son el amor y las expectativas que nos hacemos y la vida que solo se aprecia y valora con el paso del tiempo aunque esto conlleve un cierto anquilosamiento.

El libro se cierra con Túneles: por un lado, se aborda el ansia por vivir, los momentos de gloria y la capacidad de sobrevivir adaptándonos a los cambios que va sufriendo nuestra vida y, por otro, la imagen de la muerte como cíclica, renovadora, llena de paz:

“[…] La muerte no es más que un trámite

en el viaje por la eternidad de mi espíritu.

Éste no sufre,

camina muy por encima de mí

y parece comprender.

Me sorprende esta paz”

Un poemario muy interesante que hay que releer varias veces para descubrir las diferentes aristas que lo constituye y que dan una visión amplia de la vida.

Algunos sitios en la red:

La editorial: http://www.alhulia.es/libros/product_info.php?products_id=446

 

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